Rueguen al Dueño de los campos

P. Fernando Torre, msps

Bien conocidas son las palabras de Jesús: «Rueguen al Dueño de los campos que envíe trabajadores a recoger su cosecha» (Mt 9,38). Menos conocido es el porqué Jesús pidió eso a sus discípulos, y pocas veces relacionamos esta petición con lo que Jesús hizo después.

En el evangelio de Mateo[1], antes del texto citado encontramos estas palabras: «viendo [Jesús] a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por tanto, rueguen al Dueño de los campos…”» (Mt 9,36-38).

La petición que Jesús hace a sus discípulos surge de una mirada sacerdotal, que es capaz de percibir la angustia y la desesperanza de los marginados; surge de un corazón misericordioso, que se conmueve ante el sufrimiento de los pobres y necesitados. Jesús quiere que su Padre –el Dueño de los campos– envíe evangelistas, pastores y testigos para acercar la salvación a esas personas.

Sí, mucho hemos orado por las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada; mucho le hemos pedido al Dueño de los campos que envíe obreros. Pero, ¿de dónde va a sacar el Padre esos servidores? Cuando oramos por las vocaciones, de ordinario lo hacemos mirando al cielo (o al techo), como si de allí fueran a caer las vocaciones. Qué distinto sería si oráramos mirando a nuestras comunidades cristianas (Señor, de nuestro grupo juvenil, suscita religiosas y presbíteros…); mirando a nuestras familias (Señor, dales la gracia de la vocación a algunos/as de nuestros/as hijos/as); mirando a nuestro corazón (Jesús, si me llamas, te seguiré).

Con frecuencia, nuestro interés por las vocaciones se ha limitado a pedirle a Dios que “las envíe”[2]; que, como por arte de magia, mande los segadores que se necesitan para levantar la cosecha. Pero, ¿qué fue lo que Jesús hizo después de pedir: Rueguen al Dueño de los campos…? Llamó a sus discípulos, les dio poder y los envió a trabajar (cf. Mt 10,1-5). De eso se trata: de trabajar recogiendo la cosecha: «proclamen que el reino de los cielos está cerca; sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios» (Mt 10,7-8); y, puesto que los jornaleros son pocos, se trata también de encontrar otras personas que quieran trabajar, con nosotros, en el campo del Señor[3].

No basta, pues, con rogar a Dios Padre que envíe obreros a sus campos; también es necesario trabajar, a impulsos del Espíritu Santo, para encontrar esos obreros que proclamarán el Evangelio a toda la creación (cf. Mc 16,15) y acercarán la salvación de Jesucristo a todas las personas.

P. Fernando Torre, msps

 

[1] Estas palabras las encontramos también en Lucas 10,2.

[2] Sugiero la lectura de un artículo mío titulado: Hoy no te pido que nos mandes vocaciones. https://goo.gl/wRwD8u

[3] Sugiero la lectura de un artículo mío titulado: Bernabés. https://goo.gl/skNbuE

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