125 años del Apostolado de la Cruz: domingo 3 de mayo 2020

Sergio García, msps

  1. Conchita cuenta la visión de la Cruz del Apostolado

“Esta mañana después de comulgar, estando recogida haciendo mi oración en la Iglesia de la Compañía, vi de repente una cosa como alegoría, sólo de tamaño natural, que no entendí. Era como un inmenso cuadro de luz encendida, diré, y aclarándose hacia el centro, siendo blanquísima la de en medio ¡luz blanca! ¡qué raro! Y encima de todas estas clases de luces con miles de rayos de oro y fuego, una paloma blanca, extendida de sus alas, mero arriba, como abarcando todo aquel conjunto de luz (…)

“A los dos o tres días de esta visión, voy viendo una tarde, en la misma Iglesia de la Compañía ¡feliz tarde! Otra vez de repente, a una paloma blanca en medio de un gran fuego, como de rayos de luz, pero de luz casi blanca, clarísima y brillante, muy superior a la eléctrica e incandescente. En el centro de esta luz, se encontraba una paloma, repito, blanquísima también, con las alas extendidas, y debajo de ella, en el fondo de aquella inmensa luz, una cruz grande, muy grande, con un corazón en el centro donde los brazos parten. Parecía que flotaba en un crepúsculo de nubes como con fuego dentro. Debajo de la Cruz partían miles de rayos de luz, los cuales no se confundían ni con la luz blanca de la Palomita, ni con el fuego de las nubes. Eran como tres tonos de luz” (Apostolado de la Cruz, pp. 1-2).

Estamos en febrero de 1894. ¿Qué acababa de vivir Conchita? En la fiesta del Santo Nombre de Jesús, 14 de enero de 1894, había grabado el nombre de Jesús, a sangre y fuego, en su pecho. Le pertenezco y se lo quiero decir. Aprovechó ese momento de gracia para gritarle a su Jesús: “Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos”.

  1. ¿Qué experimentaba Conchita al contemplar la Cruz del Apostolado? Ella nos lo dice:

“Yo quiero a esta Cruz del Apostolado, con un cariño especial, como cosa propia, no se me quita del corazón. La miro como si fuera un pedazo mío… la quiero mucho y deseo crucificarme en ella”. “La Cruz, esa cruz es mi martirio y mi esperanza”. “He visto otras veces la Cruz del Apostolado… qué se yo qué vuelco de mi alma con esta Cruz y Corazón. Me parece que ahí se encierra todo cuanto puedo amar aquí y en la eternidad.”

La Cruz del Apostolado es el signo común de toda la Familia de la Cruz y es como un retrato, no de lo que somos, sino de lo que estamos llamados a ser y que el Espíritu Santo anhela realizar en nosotros. Mucho tiempo vivió con esa palabra: JESÚS SALVADOR DE LOS HOMBRES, SÁLVALOS.

  1. Jesús y sus Obras de la Cruz.

Y Jesús le dijo: “Aquel grito de tu corazón, JESUS SALVADOR DE LOS HOMBRES SÁLVALOS conmovió mis entrañas, haciendo venir al mundo las obras de la Cruz, que son las obras de SALVACIÓN. Tú me pedías que salvara a los hombres y yo he venido de nuevo a salvarlos por medio de estas obras en tu corazón. Millones de almas se unirán a este nuevo empuje de mi bondad y mi corazón tendrá un consuelo… mi Iglesia, una ayuda… mi Padre, gloria… y el Espíritu Santo, almas” (CC 22, 411).

  1. Apostolado de la Cruz.

El 3 de mayo de 2020 se cumplen 125 años desde la fundación del Apostolado de la Cruz ese mismo día, pero de 1895, por iniciativa de la beata Concepción Cabrera de Armida (1862-1937) en México. La obra fue aprobada por el papa León XIII el 25 de mayo de 1898, contando con el apoyo incondicional de Mons. Ramón Ibarra y González. Es “Una asociación de cristianos/as que, al impulso del Espíritu Santo, siguen a Jesucristo sacerdote y víctima …” Lo anterior, en el contexto de la Iglesia y en medio de los retos actuales.  Se propone:

Pedir y trabajar en favor de los sacerdotes:

En una época en la que la figura del sacerdote ha pasado por momentos complicados la beata Concepción Cabrera de Armida la dimensión sacerdotal tiene un punto medular como puente entre Dios y la realidad de cada momento o periodo de la historia de la humanidad. Por eso, el Apostolado de la Cruz aboga por una formación adecuada en los seminarios y a lo largo de la vida sacerdotal.

Ofrecer el día a día y el aquí y ahora como una cadena de amor:

Los miembros del Apostolado de la Cruz ofrecen a Dios lo que viven día a día en favor del mundo; especialmente, al momento de recibir la comunión y ofrecerla por los sacerdotes. Es decir, se mantienen vinculados con Jesús Sacerdote y Víctima. Esto significa darle un sentido trascendente a lo concreto de la vida. Por ejemplo, la familia, el trabajo, los amigos, etcétera. Poner en las manos del Padre el contenido del camino recorrido, tanto en el caso de los buenos momentos como en el de las situaciones difíciles.

Volver accesible la santidad:

Quizá el punto más complejo e interesante del Apostolado de la Cruz es su esfuerzo por volver accesible la santidad. Un camino desde la naturalidad de la vida, con profundidad, formación y apertura al Espíritu Santo, así como a la necesidad de promover la construcción de un mundo más justo desde lo que se tiene al alcance.

 Conclusión:

Cumplir 125 años implica tres cosas. Primero, agradecer a Dios el origen del Apostolado de la Cruz a partir de la vida y obra de la beata Concepción Cabrera de Armida. Segundo, seguir adelante con la misión, buscando nuevos caminos para ejercer la tarea encomendada en medio de un mundo cambiante, digital y necesitado de una espiritualidad profunda, como la de la Cruz del Apostolado. Y tercero, pedirle a Dios su ayuda para los nuevos capítulos en la historia que están comenzando a escribir luego de más de un siglo de camino en México y otros países, porque la obra no debe conocer fronteras. Está abierto a las dimensiones del mundo porque es de Jesús.

Y ahí en ese lugar tan privilegiado del Tepeyac también la Cruz del Apostolado celebra 125 años de irradiar amor y proponer un proyecto de vida siguiendo a Cruz, sacerdote y Víctima. Amén.

P. Sergio García, msps

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