Amaneceres…Atardeceres…Saber envejecer (3)

P. Sergio García, msps

¿Será posible una propuesta así en este lugar? Me voy a arriesgar. No tengo nada que perder y mucho qué ganar. Me atreví a decir en los ejercicios de retiro al XV Capítulo General de los Misioneros del Espíritu Santo que me daba la impresión, por nuestro comportamiento, de tener padres fundadores gigantes y hermanos pequeños. Y pienso que sería como desconocer la acción del Espíritu Santo y la eficacia generadora de nuestros padres en la vocación. Y me retracto de eso que dije de mis hermanos en la vocación.

Asombra leer en las cartas de Nuestro Padre a “sus hijos de Roma” el cariño expresado de mil formas: interés, respuesta personal, decir: “el buen padre Edmundo…” etc. y me asombra por otra parte la cordialidad fraterna que se dan en todos nuestros encuentros de Congregación. En todos se da un clima heredado por N.P. Félix con un verdadero sentido de familia.

En el contacto con seminaristas y otros religiosos en nuestros antiguos eventos deportivos se asombraban ellos de la manera tan llena de confianza en nuestro trato con los superiores.

Hay un no sé qué en el corazón cuando se hablan de estos temas. Hay voces que vienen de muy atrás, que vienen del origen mismo de la vida y que se ha ido desenvolviendo con precisión providencial de Dios, o sea muy lejos de toda esa maquinaria inventada por Descartes.

La vida ha seguido el desarrollo de la libertad y la libertad ha ido buscando el amor, la cohesión del universo en una evolución divina impresionante. La primera luz de la creación, la primera materia creada inició un camino de búsqueda, como si dijera: “quiero saber quién soy, quiero que alguien me diga porqué soy, espero saber para qué soy”.

Y con su dinamismo interior, dice Teilhard, ha propuesto una carrera ensayando miles de formas en minerales, en vegetales, en animales, en razas humanas. ¿Quién soy yo y porqué me llaman luz? ¿Quién soy yo y porqué me hizo materia? Y se escuchan las voces detrás de cada partícula de luz, más allá de toda concreción de la materia. La física es más metafísica. Y en cada uno hay insatisfacción, y la búsqueda continúa ensayando miles de formas materiales, vegetales, animales, razas humanas.

Cuando aparece el hombre con su inteligencia refleja (la de los animales es lineal) ya puede dar respuesta de lo que cada realidad anterior es: la materia, el vegetal ya saben en el hombre quiénes son. Lo curioso es que la búsqueda sigue y cuando llega Jesús, con su maravillosa manera de ser en el mundo desde su primer segundo en el vientre de una jovencita de Nazaret llamada María, ya sabe por qué y para qué es: buscaba, además de una inteligencia plena, una experiencia cordial de amor. La materia, el vegetal, el animal son amor, son Dios que ama.

(continuará)

P. Sergio García, msps

2 respuestas a «Amaneceres…Atardeceres…Saber envejecer (3)»

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