¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido por la comunidad cristiana?

P. Eduardo Suanzes,msps

 

Las filacterias, ahora ya lo sé, eran (son) pequeñas cajas forradas de pergamino o de piel negra de vaca que contienen tiras de pergamino en las que están escritos cuatro textos bíblicos fundamentales para el judío. Desde los trece años, durante la oración de la mañana en los días laborables, el israelita varón se ponía (se pone) una sobre la cabeza y otra en el brazo izquierdo, pronunciando estas palabras: «Bendito seas, Adonay, Dios, Rey del Universo, que nos has santificado por tus mandamientos y que nos has ordenado llevar tus filacterias». Es decir, era (es) una forma de tener la Ley siempre ante sus ojos.

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Habla Osher el fariseo

P. Eduardo Suanzes,msps

 

Me llamo Osher y soy fariseo de pura cepa. Mi padre, ya fallecido, también lo era y mi abuelo lo mismo. Desde pequeño me enseñaron todas las normas, todos los procedimientos de la  Mishná y el Talmud, siendo mi padre, al que recuerdo con un cariño inmenso, el que me educó pacientemente en el cumplimiento estricto de todos los deberes religiosos ordenados por la Torá. Me siento identificado con ser fariseo.

Cuando mi amigo Nadir me dijo que había logrado que ese tal Jesús aceptase una invitación suya para ir a comer a su casa, todos nos frotamos las manos. ¡Por fin una oportunidad única para desenmascararlo y despedazarlo! Hace tiempo que le tenemos ganas a ese Nazareno y hoy lo vamos a arrastrar por el polvo. Lo tendremos solo para nosotros: lo vamos a devorar. ¡Qué ingenuo!. Después de todo no parece tan inteligente como dicen: ¡mira que ir a la boca del lobo, a la casa de Nadir, jefe de nuestra sinagoga a comer…! No sabe la que le espera. Además, hoy es sábado y, por lo tanto, después del oficio en la sinagoga comeremos juntos. Todos estaremos allí.

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A los 100 años de la muerte de Dn. Ramón Ibarra y González, Arzobispo de Puebla

Hace unos días, con motivo del centenario de la muerte de Mons. Ramón Ibarra y González, V Arzobispo de Puebla, se celebró un acto especial en nuestro Templo María Madre de la Iglesia: la presentación del libro Ramón Ibarra y González. Un obispo discípulo misionero, imagen del Crucificado.

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La gloria de Dios es la salvación del hombre

P. Eduardo Suanzes,msps

«Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios. […] Nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos por dentro aguardando la condición filial, el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 18-19.23)

Pablo afirma que la redención está realizada, pero no consumada. Unos versículos antes había hablado de que somos hijos por el Espíritu Santo que se ha derramado en nuestros corazones; que ya no somos esclavos.  Pero a esta filiación divina ahora  le falta algo sustancial: la glorificación también del cuerpo. Por eso también los cristianos gimen y esperan. Esta dependencia sufriente del cuerpo, dice, es la última esclavitud del hombre.

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Santos Simón y Judas, Apóstoles – Oración

P. Sergio García, msps

Hace muchos años, Jesús, lo recuerdo ahora con gratitud y nostalgia, sentí que me llamabas a ser misionero. En este día y en esta hora de oración me pregunto ¿por qué? ¿Por qué pusiste en mi alma esta inquietud misionera? Porque la siento muy viva desde entonces, muy dentro, tan dentro que ya no entiendo mi vida si no fuera misionera.

La semana pasada el pensamiento y el corazón se me fueron sobre aquellos desconocidos y desconocidas misioneros y misioneras que, por ti y por el evangelio, lo dejaron todo. Encontraron el tesoro del campo, la perla preciosa, la vida nueva cuando, dejándolo todo, hicieron suyo lo más tuyo: “El envío evangelizador”.

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Cómo se prepara uno para morir

P. Fernando Torre, msps

«¿Cómo se prepara uno a morir? Preparándose a vivir, pero a vivir la verdadera vida de Cristo, así es como se espera tranquilo la muerte. Morir en el amor, morir por el amor. Morir de amor, así murió María. Tener serenidad siempre y en todas las circunstancias de la vida. Serenidad en las grandezas y serenidad en la cruz»[1].

De este escrito que Concepción Cabrera le envía a su hija Teresa de María, podemos obtener cuatro enseñanzas.

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Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario. 15 de octubre de 2017

P. Sergio García, msps

«Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos» (Mt 22,14). La expresión como conclusión viene al final de una parábola sobre el Reino de los cielos.  

 En estos domingos, ya van tres parábolas, como auténtica denuncia, dicha a las autoridades del pueblo: Los dos hijos, los viñadores y la viña y ésta del banquete de bodas.  

 “La presencia del rey ofrece la clave del juicio que recae sobre cada uno de los invitados al banquete. En este marco de referencia tiene sentido la pregunta por el traje de fiesta. Para entrar en el banquete del reino es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús. No todos los invitados al banquete (los llamados) se encontrarán al fin con los elegidos. Lo que convierte a los invitados en elegidos es el amor encarnado en las circunstancias concretas de la vida”, dice mi buen maestro Alonso Schökel.

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Una viña tenía mi Amigo. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

P. Eduardo Suanzes,msps

Isaías en el Tempo, hacia el año 735 a.C. se pone a cantar una canción un poquito larga, pero cautivadora. La letra decía así:

«Una viña tenía mi amigo. La tenía en un fértil otero, una colina alta desde donde se divisa todo el valle. Es la mejor tierra para sembrar la vid, porque el agua de la lluvia no queda estancada en el subsuelo sino que se desliza ocultamente hacia la llanura, dejando la tierra húmeda y dispuesta. Con todo cuidado y cariño la cavó, la despedregó y cuando ya estaba lista plantó una cepa exquisita, el tronco de una vid sinigual de la que brotarían los sarmientos. Después, para cuidarla mejor, edificó, en medio de ella, una gran torre para la vigilancia contra los ladrones y las alimañas; y, además, excavó un lagar para pisar allí la uva y obtener así el mosto. No le faltaba de nada. Todo el cariño y amor puso en su viña.

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