Caminar. De «María de la Concepción» a «Cruz de Jesús»

P. Sergio García, msps

 

 

Con el título quiero indicar que es importante recorrer un camino. Para Concepción Cabrera fue recorrer el camino de su nacimiento como hija de Dios bautizada como María de la Concepción Loreto Antonia al nombre nuevo que le dio Jesús: “Tú te llamarás Cruz de Jesús”. Esa fue su vida y esa fue su vocación. Entre estos dos nombres en ella hay un camino que conviene recorrer.

 

“Nacido de mujer. Jesús, recién nacido, se reflejó en los ojos de una mujer, en el rostro de su madre. De ella recibió las primeras caricias, con ella intercambió las primeras sonrisas. Con ella inauguró la revolución de la ternura.

La Iglesia, mirando al niño Jesús, está llamada a continuarla. De hecho, al igual que María, también ella es mujer, la Iglesia es mujer y madre, y en la Virgen encuentra sus rasgos distintivos. La ve Inmaculada, y se siente llamada a decir “no” al pecado y a la mundanidad.

La ve fecunda y se siente llamada a anunciar al Señor, a generarlo en las vidas. La ve madre, y se siente llamada a acoger a cada hombre como a un hijo.

Acercándose a María, la Iglesia encuentra a sí misma, encuentra su centro, encuentra su unidad”.

Homilía del Papa Francisco.
Solemnidad de la Madre de Dios.
1 de enero de 2021.

Este texto de la homilía del Papa Francisco puede aplicarse admirablemente, como lo vamos a ver, a la beata Concepción Cabrera, Conchita, Cruz de Jesús.

1 Caminar

Recuerdo a mi amigo y hermano en la vocación Ismael. Fuimos formadores en el Filosofado de Guadalajara[1]. Lo admiraba por su fidelidad a su vocación, su incontrolable amor a la manera de Félix de Jesús[2], su gran inteligencia que le llevaba a ocupar siempre los primeros lugares, buen maestro y mejor sacerdote.

Por esas cosas incomprensibles de la obediencia fui durante tres años su superior de comunidad. Lo aceptó humildemente porque éramos buenos compañeros de trabajo. Lo recuerdo ahora porque quisiera, con este escrito, darle un reconocimiento de fraternidad y de admiración por su generosa entrega: España, Roma, Perú, México fueron lugares de su preparación y ministerio sacerdotal. Formación, gobierno general, pastoral de la predicación, magisterio de Biblia y Teología fueron sus ocupaciones.

Un día me dijo muy serio: “-Mira Sergio, ya sabes que tus órdenes son, para mí, simples deseos; pero tus deseos serán, para mí, órdenes del amigo”. Eso reguló nuestra actitud de servicio coordinado, eficaz, gozoso y que dejó huella en el filosofado de entonces.

Ayer un hermano de la Congregación, también muy querido, me expresó su deseo: “-Mira,  tu libro P. Félix, un incontrolable amor, me reconcilió con él porque se me hacía muy disperso e inquieto, pero la verdad es que tenía un amor que ni él mismo podía controlar; Dios se había apoderado de toda su vida y nadie lo podía detener: ‘Cuando descubro que Dios quiere algo de mí, me gusta hacerlo pronto y bien’, solía decir. Y Dios quiso muchas cosas para él. Pero ¿por qué no escribes algo de Conchita?”.

Ese deseo de mi hermano Javier, me caló tan hondo que hoy mismo hace más de cinco años, (nunca es tarde), me siento para poner por escrito algo que pudiera llevarnos a la admiración e imitación de esa mujer tan santa que nunca acabaremos de agotar las profundidades de su amor a Dios y a la Iglesia: laica, mística y madre de nueve hijos. El 4 de mayo de 2019 fue beatificada. Por eso retomo este escrito para darla a conocer un poco.

El recuerdo de Ismael y las palabras de Javier son como una orden para mí: ¡Escribe! Y en el título que propongo está contenida la clave de su santidad: ¡Caminar! Su vida transcurre entre dos nombres: “María de la Concepción y Cruz de Jesús”. Los dos de alto contenido humano y cristológico.

El Espíritu Santo nos hace caminar por las propuestas de Pueblo Sacerdotal, generando procesos de santidad y haciendo obras significativas de solidaridad. Estoy seguro de que, para esto, encontramos en Conchita, nuestra madre en la vocación, inspiración, caminos recorridos, metas logradas, alientos nuevos, unidad en la diversidad, eficacia vocacional y pistas concretas para responder a los grandes retos que nuestra sociedad nos presenta.

Su vida, o sus vidas, como le gustaba decir a ella (familia, vida espiritual e inspiradora de la espiritualidad de la cruz) son un claro testimonio de la iniciativa de Dios en su vida y de su generosa respuesta al Señor. Fue y es Madre no sólo madre de familia, sino madre en la vocación de muchos que hemos querido vivir con ella una espiritualidad llena de sorpresas.

Estaba muy fresca la elección e inicio del servicio pastoral de nuestro Papa Francisco, cuando empecé este escrito. Muy fresco y nuevo, muy alentador y comprometido. No dudo que sea él al que le corresponda proponerla como modelo de santidad. Cada mañana despertamos con una sorpresa, un detalle, una orientación que no puede quedar en la inevitable comparación, sino que nos debe llevar a una verdadera conversión.

Me propongo, pues, escribir algo de Concepción Cabrera, Conchita, que, como mujer, supo generar mucha vida y abrir caminos de santidad vividos en el campo fecundo de una buena familia.

Confieso que mis primeros encuentros con ella no fueron fáciles. Apenas tenía tres meses de haber llegado a la Escuela Apostólica[3] a los doce años, ya me llevaron a la Casa General de las Hermanas de la Cruz[4] y me enseñaron el museo de Conchita: cilicios, disciplinas, espinas, cuerdas, instrumentos punzantes, cruces y listas de penitencias. Eso sin contar los grandes retratos de Obispos muy serios y solemnes que habían sido sus directores espirituales para pasar, después, a una muestra de sus escritos: Cuente de Conciencia, Chispitas de amor, Ante el altar, Cadena de amor, Apostolado de la Cruz, etc. ¡Qué miedo me dio todo aquello!

Además, había que decirle “Nuestra Madre”, porque había sido ella la que, hablando con Jesús de tú a tú, había inspirado la fundación de las Obras de la Cruz: Amor, dolor, adoración nocturna, víctimas por los sacerdotes, Cadena de amor: todo eso me parecía muy feo, todo eso me asustó. De la preciosa Virgen de Guadalupe pasé a Nuestra Señora de los Dolores y de la Soledad; de “Historia de un alma” y la infancia espiritual de Teresita de Lisieux a la Cuenta de Conciencia y Cristo Crucificado de Conchita.

Muy raro se me hacía todo. Me costó mucho y si les digo la verdad, todavía me cuesta mucho. Pero no puedo negar que me identifico, es lo mío, voy de camino y, cuando llegue al final y constate que me faltó mucho trecho por recorrer, veré a mi Padre Dios levantarse para llegar hasta mí y llevarme en sus brazos y en su abrazo.

No obstante, quiero, con amor y gratitud, admiración y respeto para esta santa mujer, mi madre en la vocación, proponer algo que ayude a conocerla, quererla, imitarla y recorrer con ella el camino de santidad al que todos estamos llamados. Empecé a caminar, sigo recorriendo el camino.

No sé si lo logre. Pero vale la pena intentarlo. Hablaré del camino, del nombre, de la historia, de la vida, del amor, de la santidad y la solidaridad. Hablaré sin orden ni concierto, como escritor de vuelo corto, pero con el corazón en la mano y la mirada en mis bodegas donde el buen Dios ha ido depositando experiencias, rostros, nombres, textos, vida.

Con el título quiero indicar que es importante recorrer un camino. Para ella fue recorrer el camino de su nacimiento como hija de Dios bautizada como María de la Concepción Loreto Antonia al nombre nuevo que le dio Jesús: “Tú te llamarás Cruz de Jesús”. Esa fue su vida y esa fue su vocación. Entre estos dos nombres en ella hay un camino que conviene recorrer.

Tengo dos libros como base de mi reflexión: “Pueblo Sacerdotal”, del P. Ricardo Zimbrón, msps, en donde nos va contando su vida y su experiencia de Dios en doce etapas y el pequeño libro: “Un día sin ocaso, itinerario espiritual de Concepción Cabrera de Armida” de tres religiosas de la Cruz: María Guadalupe Labarthe, María Luisa Sánchez y Lía del Carmen Novelo”. Desde luego que lo digo no como aviso sino como recomendación.

2 Hay un Camino “más largo” que hace posibles todos los demás.

En “A propósito de un viaje”, escribió Mons. Luis María Martínez su experiencia por tierras de Nuestro Señor. A propósito del viaje más largo se escribieron 73 libros que llamamos la Sagrada Escritura, la Biblia, la Palabra de Dios.

¿Cuál es ese viaje más largo? Lo dice Juan en su evangelio: “Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre” (Jn 17, 28). Ese sí que es un largo camino. Es el camino en el que están contenidos todos los caminos. Es el caminar del que dijo con toda verdad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,3).

El apasionado y agresivo Saulo, respirando amenazas de muerte, pidió credenciales para llevarse presos a Jerusalén a los que encontrara seguidores de “aquel camino” (cf. Hech 9, 1-2).

Conchita recorrió un largo camino de unión con Dios que la llevó de su nombre de bautizada al nombre de su misión.

Toda conversión supone ponerse en camino: “Voy a volver a la casa de mi padre y le voy a decir: Padre ofendí a Dios y te ofendí a ti, no merezco llamarme hijo tuyo… Entonces se puso en camino a casa de su padre” (Lc 15, 18-20). Ejemplo de buen camino.

Toda experiencia de salvación está fundamentada en un paso, en un camino como aquella primera Pascua de Israel que se puso en camino al desierto para hacer alianza con Dios y para hacer historia de salvación (cf. Ex 12,20).

La vida del hombre es un eterno camino. Ninguno nace terminado. Todo hombre tiene una historia y es un proyecto y, por lo mismo, un camino nuevo. No hay lugar para el juicio, sobre todo si este es despiadado y definitivo, porque el proceso de la vida hace que seamos más lo que no somos que lo que actualmente somos. Yo soy más lo que estoy llamado a ser que lo que estoy siendo y haciendo hoy. Este es el dinamismo de la existencia, esta es fuerza de la vida, este es el proyecto de Dios: nos hace caminar de plenitud en plenitud. Bueno ya fue mucho preámbulo, vamos al camino de Jesús.

Jesús realizó el viaje más largo, tomó el camino del Verbo de Dios a Jesús de Nazaret, de Jesús de Nazaret al Cristo Salvador y Señor, del Jesús de la historia al Cristo de la fe. Es él mismo, pero con un dinamismo tal que terminará sentado a la derecha del Padre, pero para enviar su Espíritu Santo y prepararnos un lugar muy cerca de él.

Caminar por el camino que es Jesús. Más vale caminar cojeando por el camino correcto que correr por camino equivocado. Me temo que son muchos los que, va a grandes velocidades, pero por el camino equivocado. El poeta afirma la fuerza y verdad del camino:

“Ahora camino de noche porque las noches son claras… y esta noche no hubo luna, no hubo luna…” (León Felipe)

“Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy” (León Felipe).

En cambio, tratándose de Jesús todos podemos ir por el mismo camino que es el mismo Jesús y hacer el mismo recorrido: salir del Padre, venir al mundo y volver al Padre.

La vida de Conchita es así, es testimonio de este caminar en Dios, tan estrechamente unida a Jesús que participa de su misma misión salvadora, tan estrecha en sentimientos que sus corazones laten al unísono.

Otro poeta afirma: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar” (Antonio Machado).

El Camino, la Verdad y la Vida. Jesús lo es todo de todos y para todos. Nos interesa asomarnos al Camino de Conchita porque nos ayudará a recorrer el camino que va de nombre a nombre, porque iremos viendo la huella de Jesús, iremos escuchando sus palabras y se irá revelando, para nosotros, el proyecto de vida como Pueblo Sacerdotal, camino de santidad y solidaridad.

Encontré el pensamiento de un hombre que recorrió muchos caminos. Desde luego el camino de la fe integrado al camino de la ciencia; recorrió los caminos de la antropología, el estudio del universo, la sacramentalidad de la materia, la investigación del origen del hombre, la vida consagrada y el sacerdocio, Jesuita como el Papa Francisco, teólogo y místico, Pierre Teilhard de Chardin.

Dice: “Tú eres, Jesús, el resumen y la cima de toda perfección humana y cósmica. No hay una brizna de hermosura, ni un encanto de bondad, ni un elemento de fuerza que no encuentre en ti su expresión más pura y su coronación… Cuando te poseo, tengo realmente concentrado en un solo objeto la suma ideal de todo lo que el Universo puede dar y deja entrever. El sabor único de su Ser admirable ha extraído y sintetizado tan bien los gustos más exquisitos que la tierra contiene y sugiere, que ahora podemos, siguiendo nuestros deseos, encontrarlos uno tras otro, indefinidamente en ti, ¡oh Pan que encierras toda delectación!” (Himno del Universo, pensamientos escogidos, LXXIII pág. 154, Taurus)

Conchita escribe: “Hoy probé las dulzuras del cielo: en un instante me sumergí en una eternidad de luz y de dicha que me hizo entender la eternidad de los bienaventurados. Es la dicha en la hermosura y en las delicias de Dios mismo. Sentí a Dios en un punto sin límites, sentí su divinidad absorbiendo mi alma y a todo lo que existe en un solo punto que es su unidad. Sentí las perfecciones divinas en una sola Perfección, y entendí que toda la eternidad se encuentra en ese punto sin tiempo ni limitación. Entendí arcanos, y siglos, y atributos, y hermosuras, y bellezas, y cosas celestiales, que no hay palabras para explicarlas sin abarcar su comprensión. ¡Oh, mi Jesús, bendito seas!” (Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia; 24 de octubre 1932).

3 El camino de nombre a nombre.

Sí, Jesús lo es todo en todos: alfa y omega, principio y fin, Creador y creatura, el único nombre en el cual podemos encontrar salvación (cf. Hch 2, 32). Y en este camino, sólo en este camino, podemos entender, admirar y tratar de imitar a Conchita. Su persona y su mensaje, su obra trascienden las coordenadas del tiempo y del espacio que fueron vividas en Dios para hacerlas nuestras y para hacer lo mismo.

Me parece una manera sencilla de presentar su espiritualidad tomando sus nombres: el que recibió en el bautismo y el que recibió de Jesús en la plenitud de su vida espiritual. De María de la Concepción a Cruz de Jesús. No se trata solamente de fechas, se trata, sobre todo, de recorrer algunas etapas de su vida para contemplar a Dios trabajándola, uniéndola a su misión salvadora, viviendo las mismas etapas que Jesús vivió y quiso seguir prolongando en su persona tan amada y privilegiada.

Antonio Machado también escribe: “Dicen que el hombre no es hombre, hasta que no pronuncia su nombre, una mujer… puede ser”. Aquí Jesús pronuncia un nombre nuevo sobre quien ha puesto su mirada de complacencia.

En la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, en el Altillo, están los restos mortales de Conchita. Una piedra grande con una sólo inscripción: “Cruz de Jesús”. Y en la pared: “Por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios” (Heb 9,5). Lo que de Jesús vivió Conchita.

Es este nombre, no el término de un camino como quiero proponer, sino la definición de una misión, la descripción de su personalidad, la fuerza de su experiencia de Dios. La Espiritualidad de la Cruz se encarnó con tal fuerza en ella, que Jesús le dijo: “tú eres ‘Cruz de Jesús’ porque desde ti y en ti crucificado quiero seguir salvando al mundo”.

Nos ayudará saber que es la manera de actuar en la Biblia: de Abram a Abraham hay un largo camino que empieza con la iniciativa de Dios y la orden de salir, caminar, dejarlo todo, obedecer. Dios lo fue llevando de promesa en promesa, de prueba a prueba, de asombro a satisfacción: “Por mí mismo juro que por haber hecho esto, por no haberme negado a tu único hijo, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia… por tu descendencia serán bendecirán todas las naciones de la tierra” (Gn 22, 15).

En el profeta Isaías encontramos un texto delicioso en donde el cambio de nombres es expresión extrema del amor fiel de Dios: “Jamás te dirán abandonada, ni a tu tierra dirán: desolada, pues te llamarán mi Complacencia, y a tu tierra desposada. Porque Yahvé se compadecerá en ti, y tu tierra será desposada. Como un joven desposa a una chica, se casará contigo tu edificador´; el gozo de un novio por su novia será el gozo de tu Dios por ti” (Is 62, 4-5).

Sabemos que de Saulo a Pablo hay también un proceso en la línea de una creciente responsabilidad en la evangelización de los gentiles: “Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno de Espíritu Santo…” (Hech 13,4)

A Simón, Jesús le puso el nombre de Pedro. Mateo y Leví son el mismo personaje. Y sin ir más lejos el mismo Jesús recibió el nombre por indicación del Ángel a José. “y tú le pondrás el nombre de Jesús…” (Mt 1, 20-21).

La promesa de plenitud está ligada a un nombre nuevo y se expresa en el libro del Apocalipsis: “Al vencedor le pondré de columna en el Santuario de mi Dios, y ya no saldrá de ahí; y grabaré en él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que baja del cielo, y mi nombre nuevo” (Ap 3, 12).

Recibimos con admiración, gratitud e inmensa alegría otro cambio de nombre: de Jorge Mario a Francisco; de Cardenal a Papa, Obispo de Roma. Además, empieza a decir las cosas por su nombre: una iglesia pobre y para pobres, un sacerdocio que huele a periferia a él buen aroma de Cristo como Pastor, no como funcionario, que pide bendición antes de bendecir, que alegra para no perder la esperanza y que nos invita a caminar como Abraham: “camina en mi presencia y sé perfecto” (Gn 17, 2).

Un poco más distendido, conocí en Córdoba, España a un hombre que decía tener problemas de identidad porque no sabía su nombre. Cuando era niño le llamaban el hijo de la Toñi, cuando fue joven era el novio de la Encarna, cuando se casó y tuvo hijos era el padre de Rafa, Pedro y Rocío, cuando iba al trabajo era el hombre de la fruta, cuando se hizo mayor le decían el abuelo del chaleco. Total, nunca supo su nombre y eso lo ponía triste.

Lo primero que preguntan a nuestros padres y padrinos el día más grande e importante de nuestra vida, el del bautismo, es: “¿Qué nombre han elegido para este niño o esta niña? ” En los retiros de kerigma decimos como la mejor buena noticia: Dios nos ama y nos conoce por nuestro nombre.

Todo esto para hacer énfasis en el título de esta reflexión: hay un largo camino de intervenciones de Dios en la vida de Conchita que van desde su primer nombre: María de la Concepción Loreto Antonia a Cruz de Jesús.

4 Asomándonos a momentos de su vida.

Conchita murió hace 84 años. Es inspiradora de una de las espiritualidades más seductoras y poco aceptables que se han dado en la Iglesia: la Espiritualidad de la Cruz. Toda espiritualidad se vive en obras, las Obras de la Cruz. Nos hace buscar un enfoque bíblico para que el mundo de hoy, sumido en la más absurda cruz sin sentido del laicismo, la indiferencia, la pérdida de valores, no se olvide de su origen y su destino.

La espiritualidad de la Cruz, como intuición y vivencia de María de la Concepción, es luz en el camino de nuestra vida, es señalamiento de un Jesús que, en lo alto de la Cruz dijo: “cuando sea levantado en alto todo lo atraeré a mi” (Jn 8, 27).

Nuestro mundo se está levantando en una nueva cruz cada día. Y Conchita nos dijo, nos dice, que está bien eso de la Cruz, pero solo cuando se es “Cruz de Jesús”. Es tal la fecundidad de la Cruz en y con Cristo que se participa de una maternidad propia del evangelio cuando es predicado: va engendrando hijos para la verdadera vida.

Esta maternidad se la ganó a pulso de ofrenda, el olvido de sí misma hasta ser memoria viviente de Jesús, sacerdote y víctima”. Y ser Cruz de Jesús.

Conviene recordar algunos pasos y momentos de Dios por su vida:

      1. “TU MISIÓN ES SALVAR ALMAS… “un proyecto que se le fue aclarando en la medida que entendía que su vida se iba transformando de día en día en Jesús el amor pleno de su vida.
      1. “JESUS SALVADOR DE LOS HOMBRES, SÁLVALOS” fue la expresión suprema de pertenencia arrancando con su grito una nueva presencia salvadora de Jesús, grabando en su pecho el nombre de Jesús, su dueño.
      1. Jesús le dijo un día: “Aquel grito de tu corazón JESUS SALVADOR DE LOS HOMBRES SÁLVALOS, conmovió mis entrañas, haciendo venir al mundo las Obras de la Cruz, que son las obras de SALVACIÓN. Tú me pedías que salvara a los hombres y yo he venido de nuevo a salvarlos por medio de estas Obras en tu corazón. Millones de almas se unirán a este nuevo empuje de mi bondad y mi corazón tendrá un consuelo… mi Iglesia una ayuda… mi Padre gloria… y el Espíritu Santo almas” (Cuenta de Conciencia 22, 411).
      1. “TE MIRA EL PADRE…” y su vida quedó inundada de luz y de amor, de vida de Dios que la envolvía con ternura enamorada dejando en su corazón la impronta de su Hijo. Tanto el contenido como la dulzura con que Jesús le dijo estas palabras, produjeron en ella un como pudor espiritual, al mismo tiempo que una gratitud y generosidad inmensas.
      1. Y la gracia de las gracias: La Encarnación mística, Jesús le dijo: “AQUÍ ESTOY RECÍBEME, YO SIEMPRE CUMPLO LO QUE PROMETO, ME ENCARNO MÍSTICAMENTE EN TI, NO DÁNDOME TU LA VIDA, SINO YO A TI PARA NO SEPARARME DE TI JAMÁS… la gracia de las gracias que en ella es plenitud y en nosotros es ideal de que, por el ministerio sacerdotal, podamos estar engendrando a Jesús en los demás… y llamarle “Hijo…”
      1. Conchita: una vida que admiramos, agradecemos, valoramos, y queremos imitar para seguir mejor a Jesús. “Lo que hace hermoso al desierto, es el pozo de agua que esconde en sus entrañas.”, lo que hace valiosa nuestra vida es que en alguna partecita de nosotros está Jesús y con él está Conchita.
      1. El 8 de marzo es el día Internacional de la Mujer Trabajadora, también día Internacional de la Mujer, y está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En ese día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona.

Esta celebración no nos parece ajena en la Iglesia, cuando, desde la experiencia del seguimiento de Jesús, recordamos la vida y el testimonio de una mujer que, por otros cauces y de otra manera dignifica a la mujer en su plenitud. Me refiero a María Concepción, “Conchita”: mujer laica, mística y madre.

Conchita, mujer auténtica, hoy en su plenitud de vida por su participación en la muerte de Jesús, nos dice que la verdadera dignidad de la mujer radica en su especial relación con Dios. Esto, un estado laico no lo puede aceptar. Al mismo tiempo que lo respetamos decimos que nosotros, en el ámbito de nuestra fe, lo reconocemos y proclamamos.

Dignifica Conchita el ámbito familiar donde nació y creció, dignifica como pocas la verdadera relación de amor en un noviazgo de nueve años llevado precisamente como novia y no como esposa adelantada. Dignifica la institución familiar como esposa y madre de nueve hijos, dejando espacios para todo en su hogar: servicio, educación, cuidado, experiencia de Iglesia y amor a los pobres. Dignifica el estado de viudez dedicada a su hogar, sus hijos y a las cosas de Dios. Dignifica a la mujer sin necesidad de feminismos trasnochados.

Habrá que recordar también en estas fechas, que la dignidad de la mujer no le viene de fuera, de una reconocimiento nacional o internacional, le viene de dentro como todas las realidades válidas y profundas en la vida: el amor, la verdad, el trabajo, la profesión, la presencia social y cultural, la relación íntima y apasionada con Dios. Esta es la santidad a la que fue llamada y esta santidad es la que verdaderamente dignifica a la mujer. Desde luego también al hombre que para eso cada uno es imagen y semejanza de Dios.

Conchita Cabrera, mujer de Dios y de Iglesia ha hecho a la sociedad una propuesta sobre la auténtica dignidad de la mujer: “sólo en Dios la vida tiene sentido, en Él vivimos, nos movemos y somos; este mundo tiene que ser redimido y esta sociedad liberada de la esclavitud del pecado y solo en la Cruz de Cristo encontramos la salvación”. Este mundo es hermoso, pero no es definitivo, lo importante es amar y encontrar la plenitud de la vida en Dios.

Hoy recordamos en especial una de sus Obras preferidas: “La Alianza de amor con el Sagrado Corazón de Jesús” que en nuestra comunidad viven y dan testimonio de esta primacía del amor de Dios en nuestra vida.

Y en esta noche María Concepción expresará su compromiso de seguimiento de Jesús y de pertenencia a esta Obra de la Cruz. Insisto, en el respeto y admiración al día internacional de la mujer, que su dignidad será plena en cuanto sea plena su relación con Dios. Insisto que no queremos vivir dos realidades paralelas: la social y la religiosa. En Dios todo es uno como el testimonio de esta admirable mujer de nuestro tiempo: Conchita Cabrera.

La cruz sacerdotal de Cristo. Cruz del Apostolado. Cruz del apostolado de la Cruz. Espiritualidad de la Cruz. Obras de la Cruz. Ofrenda de Cristo sacerdote y víctima. Santuario de la Cruz del Apostolado.

He aquí algunos nombres que la imitaron, escribieron, le cantaron:

María de la Concepción. Señora Elena Herrera. Hna. María Elena Ruiz de Chávez, RCSCJ.

Juan Gutiérrez, Luis Ruiz, Rafael Ledesma, Rafael López, Carlos Vera, Miguel Mier, Salvador Carrillo, Hermenegildo Pérez, Fernando Torre, Leopoldo Guzmán, Gerardo Albarrán, Melecio Picazo, Marcos Alba, Esteban Rosado, Rafael Vera, José Castelán, Eduardo Suanzes, escritores y cantores.

Roberto de la Rosa, Alfredo Vizoso, Ignacio Navarro, Jesús María Padilla, José Guzmán, Ismael Gómez Gordillo, Sergio Délmar, Alfonso Navarro, Pedro Vera, Tarsicio Romo, Vicente Monroy, etc. teólogos y escritores místicos.

¡Cuántos han escrito, reflexionado, profundizado, actualizado y trasmitido el mensaje de la Cruz! Cuántos y todavía no está claro ni siquiera el nombre de la Cruz del Apostolado. A Jesús le ha gustado la mediación con una paciencia infinita. Ha elegido a una persona entre los 6 mil millones de habitantes en este mundo para trasmitir una voluntad y una interpretación que le dará mucha gloria a Dios.

Ahora se da mucho el deseo de cambiar de nombre. Se trata de cambiar ya el nombre de Cruz del Apostolado por Cruz sacerdotal de Cristo.

Es una concretización o una encarnación y por lo mismo una limitación. Podría ser Cruz profética de Cristo que orientara en la búsqueda y compromiso con los más pobres y empobrecidos. Podría ser también Cruz Regia de Cristo que manifestara la glorificación de Jesús por la Cruz, podría ser también Cruz pastoral de Cristo para completar las cuatro pastorales.

No quiero aventurar ni explicación y aplicación. Quiero disponer el corazón y preguntarme ¿Por qué siento cierta resistencia a esta expresión y preferiría simplemente hablar de la Cruz de Cristo?

¿Por qué en este tipo de experiencia mística, dentro de un ambiente contemplativo y fundamental no habla Jesús de la evangelización? ¿Será que evangelizar es secundario? No lo sé. A lo mejor necesito saber “si no he corrido en vano”, como diría el Apóstol.

5 “Como el sol…”

De nuevo el tema de nombre a nombre: de María de la Concepción a Cruz de Jesús. Ahora recurriendo a una imagen dicha por el mismo Jesús que expresará, en términos cercanos, el modo o itinerario espiritual.

“Como el sol se levanta hermoseándolo todo y dándole vida, yo he venido calentando y adornando o embelleciendo tu alma. Llegará este Sol en tu espíritu hasta la plenitud del medio día, y al llegar al ocaso de tu vida, no te dejará, sino que te sepultará en sus resplandores eternos” (Cuenta de Conciencia 4, 186).

Concepción Cabrera, en el día de su muerte, se encontró con la plenitud de la resurrección. Hoy la recordamos. Aprovecho un texto maravilloso, esas palabras que le dijo Jesús y que resumen todo el itinerario de su vida espiritual:

“Como el sol se levanta hermoseándolo todo y dándole vida, yo he venido calentando y adornando o embelleciendo tu alma. Llegará este Sol en tu espíritu hasta la plenitud del medio día, y al llegar al ocaso de tu vida, no te dejará, sino que te sepultará en sus resplandores eternos” (Cuenta de Conciencia 4, 186).

Hoy celebramos, con gratitud porque es nuestra madre en la vocación, el momento en que fue “sepultada en los resplandores eternos” de Dios. Pero ¿qué pasó antes? Señalaré esos tres momentos: amanecer, medio día y ocaso.

En su amanecer, quiero destacar que en 1889 Jesús le dijo: “Tu misión es salvar almas”. Desde entonces sabe que está llamada a colaborar con Cristo en lo más profundo de su misión.

 En plena vida matrimonial, en 1894, diez años de casada y con varios hijos, experimenta el anhelo de pertenecer totalmente a Jesús. Ella, mujer de campo y de ranchos, ve cómo las reses de una ganadería eran erradas con la marca del dueño. Ella piensa hacer lo mismo, porque entiende que toda su vida le pertenece a Jesús.

Después de varios intentos, de permisos negados, de anhelos crecidos y ya con el permiso de su director espiritual, graba sobre su pecho el nombre de Jesús, al mismo tiempo que brota de su corazón la más sublime oración de intercesión: “Jesús, salvador de los hombres, sálvalos”. Esto fue el 14 de enero de 1894, fiesta del Nombre de Jesús.

 A partir de ese acontecimiento, Jesús le empieza a enviar signos, mensajes, propuestas de cómo quiere ser salvador de los hombres. Conchita contempla la Cruz del Apostolado primero y luego tiene la inspiración de fundar las Obras de la Cruz. Hoy, con mirada retrospectiva y agradecida, vemos en la Iglesia esas Obras: Apostolado de la Cruz, Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, Alianza de Amor, Fraternidad Sacerdotal, Misioneros del Espíritu Santo. De estas Obras han brotado tantos frutos que añadimos a las cinco Obras de la Cruz, la gran Familia de la Cruz.

 En su medio día, llega su gracia central: la Encarnación mística. Jesús le había dicho “te mira el Padre”. Y, cuando el Padre mira, deja su imagen según el hermoso verso de San Juan de la Cruz:

Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti veían.

No quieras despreciarme,
Que, si color moreno en mi hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

(Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 32 y 33)

La Virgen María también expresó, en términos de una mirada, la experiencia de la Encarnación: “Miró con bondad la humillación de su servidora. Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa” (Lc 1,48).

Pues un día Jesús le dijo: Prepárate para el día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Encarnación del Divino Verbo, ese día quiero unirme a tu alma y darte una nueva vida en el tiempo y en la eternidad… Prepárate… Purifícate… Límpiate…” (Cuenta de Conciencia 9, 33-34).

Pasaron algunos años y nada sucedía. Y el 25 de marzo de 1906, después de comulgar, escuchó que Jesús le decía: “Aquí estoy… quiero encarnar en tu corazón místicamente. Yo cumplo lo que ofrezco: RECÍBEME… tomo posesión de tu corazón para no separarme jamás” (Cuenta de Conciencia 22, 171).

Las palabras “alianza”, “mediación”, “ofrenda”, “solidaridad”, son palabras clave para entender esta plenitud de su “medio día” en relación con Jesús y la salvación de los hombres. Conchita es persona de alianza, de mediación, de ofrenda, de unión transformante en Jesús, para continuar su obra de salvación. Y desde luego nosotros estamos implicados en ésta, que ella llamaba “la gracia de las gracias”.

Al atardecer de su vida el Sol no la dejará. Quienes han pasado por esa etapa les da la sensación como de vacío, de abandono, de lejanía de Jesús. Jesús lo sabe y la prepara: “Después de mi pasión, a mi Madre le di mi semejanza absoluta, con todos mis dolores, anhelos y penas. En esto la imitarás tú. Gustarás de las amarguras de María no sólo acompañándola o siendo compañera de su soledad, sino sosteniendo en tu corazón el eco de sus dolores, el reflejo de sus lágrimas y con el mismo glorificador fin: la salvación de los hombres” (Cuenta de Conciencia 41, 218).

El día de su vida va llegando al ocaso, se va perdiendo en Dios, su amor es un amor nuevo. Ella quiere amarlo con un amor infinito en grandeza y duración.

Le dice a Jesús: “Tú me has dado al Espíritu Santo, pues ahora olvidada de mi pobre amor tomo el ÚNICO AMOR, a ese Divino Espíritu Amor y con él te quiero amar, ahora… en mi muerte y en mi eternidad” (Cuenta de Conciencia 57, 172).

Ese día llegó el 3 de marzo de 1937. Al recordarla queremos imitarla, seguir a Jesús como ella lo siguió, participar de su misión salvadora como ella participó, caminar de fidelidad en fidelidad para que la fecundidad del Evangelio siga siendo “Espíritu y Vida” y salvación de todo mundo.

Conchita, mujer de evangelio, mujer de nuestro tiempo; mujer que, por su condición misma de mujer, hace posible la primera experiencia cordial con Dios para todos nosotros. Por eso, termino con un texto de Juan Pablo II sobre la dignidad de las mujeres:

6 El caminar de  Félix Benedicto Rougier Olanier, s.m. a Félix de Jesús, msps.

Félix de Jesús Rougier (17 de diciembre de 1859MeilhaudFrancia — 10 de enero de 1938, México, D. F.) fue un sacerdote católico, fundador de varios institutos de vida religiosa, declarado venerable por el Papa el año 2000.

Juventud.

Sus padres fueron Benedicto Rougier y María Luisa Olanier. Tuvo dos hermanos: Emmanuel, quien inicialmente fue misionero en Oceanía pero que más tarde abandonaría el sacerdocio, y Estanislao, quien se distinguió por ser un incansable promotor de acciones sociales, defendiendo a los agricultores de su tierra.

Inicialmente, Félix Rougier había pensado en ser médico. Sin embargo, su visión cambiaría radicalmente tras conocer al obispo, Monseñor Eloy, SM quien había asistido ante el joven Félix y más de 300 alumnos, y les había hablado largamente de las misiones en Oceanía.

Así, Félix sintió un deseo muy intenso de hacerse misionero, que con el tiempo fue madurando. Ese día, de entre más de 300 alumnos reunidos en el patio del colegio, solo él puso su mano en alto para anotarse a las misiones.

Su lema fue: «Amar al Espíritu Santo y hacerlo amar…»

Ordenación sacerdotal

Después de reflexionar en su vocación como misionero decide entrar a las Sociedad de María (Maristas) donde es admitido y reconocido por su obediencia y su entrega feliz a su ministerio.

Cuando se encontraba cerca de su ordenación sacerdotal le vino una fuerte artritis en su brazo derecho, motivo por el cual no podía ser ordenado ya que estaba en riesgo de perder su brazo y en aquel tiempo el disponer un buen estado de salud era un requisito fundamental para ser ordenado sacerdote.

Sin embargo, y tras dolorosas pruebas producto de su enfermedad, es curado milagrosamente por San Juan Bosco quien más tarde le diría: «Dios te hará ganar muchas almas». Don Bosco era conocido por su capacidad de obrar hechos extraordinarios en las personas y con el P. Félix lo hizo una vez más.

Aunque no se le quitó del todo el problema del brazo, la mejoría fue extraordinaria y se consolidó con el tiempo, salvando su brazo derecho.

Finalmente, pudo ser ordenado como sacerdote el 24 de septiembre de 1887.

Misionero

Su sueño era ser misionero en Oceanía, pero sus superiores lo mandaron a Barcelona primero y después a Colombia, donde desarrolló una amplia labor educativa e hizo frente a los retos de la «Guerra de los mil días».

Realizó un apostolado a nivel nacional recaudando alimentos y entregándolos a la comunidad hambrienta. Asimismo, se dedicó a acompañar a los soldados en sus últimas horas y momentos de enfermedad. Arriesgando su vida, iba en plena guerra confesando y auxiliando a los heridos; incluso una vez defendió con su capa a un cadáver que iban a profanar los enemigos.

En febrero de 1902 llega a México donde, el 4 de febrero de 1903, se encuentra con la Beata ya  Concepción Cabrera de Armida quien, sin saber nada de él, le empieza a platicar en confesión sobre ciertas cosas que sólo el  padre Félix sabía de sí mismo.

Luego la Sra. Armida (quien tenía diversas gracias místicas) le platicó sobre las Obras de la Cruz que ella misma había fundado lo cual provocó un gran amor y respeto del padre Félix para con estas obras.

Al poco tiempo, Conchita Cabrera le anuncia que Dios lo quería para que fuera el fundador de la quinta Obra de la Cruz, los Misioneros del Espíritu Santo. Aceptó la invitación tras pedir los debidos consejos a las diversas autoridades eclesiásticas y el permiso de sus superiores. La obediencia fue la gran virtud del P. Félix.

Fundaciones

Cuando el padre Félix solicitó el permiso de fundar la mencionada Congregación, se le denegó y se le prohibió ocuparse de este proyecto durante 10 años. Esto provocó un gran dolor en él pero se mantuvo firme con Cristo sabiendo que su labor daría frutos.

Fue así como por intervención de Monseñor Ramón Ibarra y González, Primer Arzobispo de Puebla, el Vaticano concedió que Félix de Jesús Rougier fundara el 25 de diciembre de 1914 en la Capilla de las Rosas en el Tepeyac, Ciudad de México, la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. Esto se realizó en plena persecución religiosa por parte del gobierno.

Con el paso del tiempo dio vida a tres nuevos Institutos de Vida Religiosa: Las Hijas del Espíritu Santo (1924) con el fin de trabajar en favor de la educación de los jóvenes, promoviendo en ellos a todas las vocaciones dentro de la Iglesia; las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo como respuesta a las necesidades del pueblo indígena y de los más necesitados, y las Oblatas de Jesús Sacerdote con el fin de colaborar en la formación de los futuros sacerdotes.

Félix de Jesús Rougier era reconocido en su época como un santo porque amaba su sacerdocio, su misión, y nunca perdía una oportunidad para trabajar en favor de un mundo mejor.

Se adelantó a su época dando un gran apoyo a los laicos, así como promoviendo diversos medios de comunicación.

Fundó la Revista la Cruz que se sigue editando. Además de haber sido un buen egiptólogo, se dedicó a la creación de colegios y a la promoción de hospitales.

En un momento de las conversaciones que sostenía con Conchita le comentó que había dicho: “dile a mi Félix” que lo deseo a él para las Obras de la Cruz.

Fue ahí donde, en su caminar místico pasó al cambio de nombre: De Félix Benedicto Rougier Olanier, Sacerdote Marista a FELIX DE JESÚS, MISIONERO DEL ESPÍRITU SANTO.

Fue un largo caminar en y por Jesús.

7 Conclusión

Termino con un texto de san Juan Pablo II:

“La dignidad del Proto evangelio en el Libro del Génesis nos permiten pasar al ámbito del Evangelio. La redención del hombre anunciada allí se hace aquí realidad en la persona y en la misión de Jesucristo, en quien reconocemos también lo que significa la realidad de la redención para la dignidad y la vocación de la mujer.

Este significado es aclarado por las palabras de Cristo y por el conjunto de sus actitudes hacia las mujeres, que es sumamente sencillo y, precisamente por esto, extraordinario se considera el ambiente de su tiempo; se trata de una actitud caracterizada por una extraordinaria transparencia y profundidad.

Diversas mujeres aparecen en el transcurso de la misión de Jesús de Nazaret, y el encuentro con cada una de ellas es una confirmación de la “novedad de vida” evangélica, de la que ya se ha hablado” (Juan Pablo II, DM no. 12).

No puede faltar en esta reflexión de “Caminar de nombre a nombre” el P. Félix de Jesús Rougier, fundador.

P. Sergio García Guerrero, msps
Casa Conchita, Puebla

 

[1] Las Congregaciones Religiosas llamamos «Filosofado» a la casa de formación destinada al estudio de la filosofía de los futuros sacerdotes

[2] Félix de Jesús Rougier, fundador de loa Misioneros del Espíritu Santo

[3] Los Misioneros del Espíritu Santo llamamos «Escuela Apostólica» a lo que normalmente se conoce como «Seminario Menor»: aquella institución para niños y adolescentes que de algún modo han expresado su deseo de ingresar en un futuro a la Congregación.

[4] Congregación de religiosas cuya fundadora es Concepción Cabrera de Armida

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