Concepción Cabrera de Armida (1862-1937)

P. Carlos Francisco Vera Soto, msps

Con motivo del 84° aniversario de la muerte de Concepción Cabrera de Armida te compartimos este articulo del P. Carlos Francisco Vera Soto, msps, historiador y erudito conocedor de la vida de Conchita

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Abordar en unas líneas la vida polifacética y fecundísima de esta mujer es casi una empresa imposible, pero no renuncio a dar a conocer un poco más a esta luminaria de nuestra Iglesia. Conchita nació en San Luis Potosí el 8 de diciembre de 1862. Sus padres eran ricos pues poseían varias haciendas y frecuentaban la alta sociedad de entonces. Sin embargo supieron educar a sus 12 hijos (8 hijos y 4 hijas) en la austeridad, la piedad y la honradez. Nada de melindres. Concha no tuvo instrucción académica propiamente dicha; bordar, cocinar, fregar, tocar el piano, cantar. Poco más o menos. Una verdadera ama de casa. Tiene novio desde los 13 años y medio y muchos pretendientes; hasta el gobernador le hace la corte, pero ella se fija sólo en Francisco Armida, muchacho modesto, educado y bueno, pero sin capital. Se casan en 1884, cuando Concha tiene 22 años. Tendrán 9 hijos y durarán casados 17 años. Concha enviuda y se dedica toda a Dios y a sus hijos. La familia se había trasladado de su natal San Luis a México D.F. en 1895. A partir de entonces, Conchita intensificará su obra y su entrega; se hará canal de gracia y de fecundidad. Entrará en relación con todos los protagonistas eclesiásticos de su tiempo y a todos les comunicará su grande amor por Dios y por la Iglesia. Muere a los 75 años rodeada de sus hijos e hijas naturales y espirituales y del reconocimiento de quienes la conocieron y trataron.

            Conchita tiene una personalidad alegre y espontánea; es fresca y natural, aborrece lo postizo y elaborado. Le gusta cantar, tocar el piano, montar a caballo, pasear por los campos, retozar con sus hermanos. Es, desde jovencita, muy atractiva. Será una mujer guapa y bien plantada. Cuerpo alto y fuerte, rostro ovalado, labios sensuales, nariz ancha y bien hecha, y unos maravillosos ojos azules que miran profundo y sereno. Su retrato interior es mucho más complejo, sin embargo, conociendo su vida y sus escritos se puede decir que en su interior ardió desde niña, una sola y única pasión,  que de llama frágil se convirtió en hoguera; esa pasión tuvo nombre y apellido: Jesús el Crucificado. Concha vivió con una intensidad poco común su relación con Jesús. Procuró en todo conocerle, imitarle, darle gusto, amarle, seguirle. Y quien ama es ingenioso para congraciarse con el Amado. Concha no escatimó nada para Jesús, su Amado. Las personalidades que se asomaron a ese mar de amor entre Concha y Jesús quedaron asombradas. Ya desde que Concha era muy joven y encuentra en el jesuita P. Alberto Mir y Cuzcó[1] a su primer director espiritual, éste, le va a ordenar que escriba lo que pasa allá en el adentro. Y con una fidelidad muy de Concha escribirá lo que ella llama su “Cuenta de Conciencia”,[2] lo que hará desde que ella tiene 31 años hasta prácticamente dos meses antes de su muerte a los 75 años en 1937. Otros directores le ordenarán seguir consignando su experiencia: Don Ramón Ibarra[3], Don Maximino Ruiz[4], Don Emeterio Valverde[5], el P. Félix Rougier[6], Don Luis María Martínez[7].  Y, esa “Cuenta” se volvió, junto con otros escritos, un manantial de doctrina pura y limpia para quienes a ella se han acercado. Porque Concha, poco ilustrada, tuvo el don de escribir y escribió, por mandato, por encargo, por gusto, por necesidad, por vocación. Pues además de su “Cuenta de Conciencia”, trabajo de carácter enteramente privado e íntimo que se conoció a mayor escala solo después de su muerte, ella escribió cosas “del espíritu” para publicar. Muchas personas de su tiempo, en España, México y algunos países de América Latina se beneficiaron con las obras que ella publicó en Barcelona, con un seudónimo curioso, ya que quiso pasar inadvertida: “Autor de Ante el Altar”. Y lo que pasa es que Concha, nuestra Concha es una mística[8]; una de las más grandes que ha dado la Iglesia. Pues sólo el trato y el conocimiento íntimo de Dios pudo haber puesto en la mano y en el corazón de esta mujer sencilla y sin estudios una pluma de fuego, llena de unción, doctrina y sabiduría, destinada a enriquecer el tesoro de la Iglesia. A este caudal de escritos le llamamos “Espiritualidad de la Cruz”. Como toda espiritualidad auténtica, brota del Evangelio,  y también de la experiencia íntima de Conchita y Jesús; por eso se ha vuelto camino de vida para muchos.

            Por iniciativa e inspiración de Concha se fundan en la Iglesia, Las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, El Apostolado de la Cruz, La Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, La Fraternidad Sacerdotal y los Misioneros del Espíritu Santo[9]. Hoy, muchos hombres y mujeres en muchos países del mundo reconocemos en esta admirable mujer el carisma de madre, inspiradora, canal de gracia. Pero ella es ante todo de la Iglesia; a ella pertenece y para ella vivió.

            En este inicio del siglo XXI en la que los laicos están siendo invitados y diría yo, apremiados a tomar en serio su responsabilidad cristiana, Concha es un modelo. Ella se adelantó a su tiempo. En un momento de dura persecución para la Iglesia, supo dar la cara y plantarse ante la adversidad; siendo una viuda común y corriente, pues ni tuvo títulos o estudios, alternó con religiosos y religiosas, sacerdotes, obispos, cardenales; y hasta con el Papa tuvo que ver, pues en una entrevista con San Pío X, defendió la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo. En una época en que la mujer era marginada en la sociedad y en la Iglesia, supo encontrar los caminos adecuados para realizar lo que ella veía como voluntad de Dios. No se acobardó ante la adversidad y hubo mucha en su camino, ni ante la incomprensión ¿hay santo que no la haya sufrido? A su notable obra y fecundidad en la Iglesia, le acompañó siempre la sencillez y discreción, pues sin descuidar sus responsabilidades primordiales de esposa, madre y abuela, desarrolló un trabajo impresionante en favor de la Iglesia, casi sin ser notado. Por eso, te invito a que conozcas a esta mujer. Estoy seguro que te dejará sorprendido. Dicen que las comparaciones son chocantes; lo son, pero no me resisto a decirte de Concha que a nivel de santidad de vida, de entrega, fecundidad, obra realizada, ella supera con creces (si así puede decirse) a muchas santas canonizadas[10]. Asómate y ya verás. No quedarás defraudado.

Para conocer a Concha, esta bibliografía mínima pero a tu alcance:

Sobre Conchita:

Miguel María Philipon, O.P., Diario espiritual de una madre de familia, Ciudad Nueva 1999
Joaquín Antonio Peñaloza Yo soy Conchita Armida, La Cruz 1997.
Fernado Torre Medina-Mora,  MSpS Tu sello en mi carne La Cruz 1993.
Juan Gutiérrez G. MSpS Cruz de Jesús. 10 tomos, (obra para iniciados) La Cruz del Apostolado de Jesús María 1998.
Varios Autores Una Mujer de nuestro tiempo. Concepción Cabrera de Armida, Frumentum 1963.
Javier Sicilia Concha Cabrera, la amante de Cristo Jesús, Fondo De Cultura Económica USA

Que Conchita escribió y se han reeditado:

Como es Jesús, Cimiento 1997
Yo soy, Cimiento- La Cruz 2000
Abiertos al Espíritu, Cimiento- La Cruz 1998
Padre Dios, Padre Nuestro, Cimiento- La Cruz 1999
María te da a Jesús, Cimiento- La Cruz 2000
Mirarán al que traspasaron, Sanabria 2000

P. Carlos Francisco Vera Soto, msps

 

[1] El P. Alberto Mir y Cuzcó S.J. natural de Barcelona, España, será el primer director espiritual de Conchita, por diez años.

[2] La Cuenta de Conciencia de Conchita, cuenta con 66 cuadernos manuscritos. Se encuentra repartida entre las Religiosas de la Cruz y los Misioneros del Espíritu Santo. Se han hecho  de ella, al menos 4 ediciones privadas, se han publicados partes de ella y ahora se tiene, para uso privado, en disco compacto.

[3] 1º Arzobispo de Puebla.

[4] Obispo de Chiapas, diócesis a la que renunció, siendo nombrado obispo auxiliar de México.

[5] Obispo de León

[6] Fundador de los Misioneros del Espíritu Santo.

[7] Arzobispo de México.

[8] Dice el diccionario que Místico se aplica a la persona que se dedica a la contemplación de Dios y las cosas divinas; particularmente a la que alcanza en esa contemplación el estado de éxtasis.

[9] A estas obras se le conocen como “Obras de la Cruz” y a ella están asociadas muchas más que viven la misma Espiritualidad de la Cruz. En todas ellas se pueden vivir todas las gamas de la vocación cristiana; laicos, casados, religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos.

[10] Con esto no pretendo adelantarme al juicio de la Iglesia; simplemente subrayar que la vida íntegra de esta mujer, con el favor de Dios,  y aprobación de la Santa Sede, será una luz para el siglo XXI. Conchita fue declarada Beata por el Papa Francisco el 4 de mayo de 2019

Una respuesta a «Concepción Cabrera de Armida (1862-1937)»

  1. Gracias, mi querido Padre Carlos por acercarnos más y más a nuestra madre en la vocación. Conocerla es quererla y quedarse sorprendidos por todo lo que el Señor hizo en ella y por ella a tantos que hemos tenido la gracias de poder conocerla y sentirnos acompañados por su presencia maternal, su testimonio apasionado de amor por Jesús y haber sido llamados a vivir está espiritualidad de la Cruz. Que el buen Dios mantenga tu entusiasmo para seguir en el anhelo de conocerla más y darla a conocer. Gracias. Sergio msps

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