La Trinidad. Meditación ante un icono

Trinidad de la misericordia

Este Domingo celebramos a la Santísima Trinidad. La hermana dominica sor Caritas Müller de Cazis (Suiza), ha recibido la gracia de compartir, a través de sus esculturas en terracota, su experiencia de Dios. Estas obras de arte nos hablan de esa acción divina en su vida e intentan señalarnos el camino hacia una relación más profunda con Dios: la contemplación serena de su amor por cada uno de nosotros; un amor que se expresa como compasión, como misericordia.

Quisiera compartirles mis reflexiones ante la imagen-icono de la Trinidad de la misericordia.

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Testimonio del P. Gerardo Gordillo, msps en el 50° Aniversario sacerdotal del P. Abel Uribe, msps

P. Gerardo Gordillo, msps

50 años de ordenación Abel Uribe
21 de mayo de 2022

El ser humano es siempre la convergencia de los opuestos. A él cabe casar el cielo con la tierra, la ternura con la firmeza, la poesía con el trabajo, la contemplación con la acción. Cuantos más opuestos uno consigue articular en su personalidad, tanto más fecundo y humano se revela.

Más aún, algunos maestros de la mística dicen que el Espíritu de Dios se dedica simplemente a ARMONIZAR los opuestos en nuestra persona, no a desaparecerlos o uniformarlos, a armonizarlos.

Conozco un hombre que realiza ampliamente este propósito inscrito en nuestra humanidad. Por eso irradia y nos inspira a ser más humanos: y ese hombre es Abel.

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A propósito de la conversión de Pablo: Dar un «golpe de timón»

P. Eduardo Suanzes, msps

En la vida espiritual, en la vida de todo aquel que quiere seguir a Jesús, se han de dar frecuentes «golpes de timón». Son esos cambios bruscos y decididos de rumbo que el timonel de un barco ha de efectuar si quiere que la nave no sucumba en la tormenta; o, por el contrario, si quiere evitar que su nave entre y permanezca apática y quieta en un mar de calma chicha, como balsa de aceite, y se quede ahí, sin movimiento, siempre en el mismo punto.

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Domingo III de Pascua: «—Pedro, ¿me amas?»

P. Eduardo Suanzes, msps

Aquella tarde Pedro miraba el mar y estaba más triste que nunca… Aquí estaba de vuelta, junto a su mar de Galilea de siempre, en el Cafarnaúm de siempre.

Pensaba cómo durante toda su vida el fue un pescador y que esa vida se había interrumpido por tres años cuando Jesús una mañana, después de la faena nocturna, apareció en su vida.  Lo recordaba como si fuera ayer. Fue justamente aquí, donde él estaba. El sol de la mañana se levantaba plácidamente desde la otra orilla del lago y con Andrés, su hermano, estaba recogiendo las redes y doblándolas, como Dios manda, cuando aquel desconocido, de pronto, le dijo un “sígueme” al que no se pudo resistir, sacándole de su cotidianidad, para empezar a ser otra cosa: “pescador de hombres”, él dijo. Todavía no sabe qué significó aquello.

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No me mueve (Soneto a Cristo crucificado)

 

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Del Disco La Noche Oscura
(de Vicente Pradal. Con los debidos permisos)

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Oración al Espíritu Santo – Preparación para la Semana Santa

Vivir el Misterio Pascual con María y como ella

Espíritu Santo, en estos días previos a la Semana Santa, suscita en mí el anhelo de conversión, para que no sea yo como las personas que abandonaron a Jesús, gritaron: “¡Crucifícalo!”, se burlaron de él o lo crucificaron. Impúlsame a buscar el perdón del Padre, por medio del sacramento de la reconciliación.

Ven, Dios Amor, y prepárame para vivir el Misterio Pascual con María –como lo hicieron María Magdalena y Juan– y como María: asociándome con amor al sacrificio de su Hijo, sosteniendo la esperanza de los demás en los días tristes, dolorosos, oscuros o fríos, y alegrándome con la victoria del Resucitado.

Ven, querido Amigo; dame la gracia de participar en las celebraciones de los Días Santos, para que, por medio de la liturgia, tú renueves en mí la gracia del bautismo, me hagas morir con Jesús y resucitar con él. Y que, con tu fuerza y tu guía, yo pueda emprender una vida nueva. Amén.

P. Fernando Torre, msps