«Radio Conchita» – Diálogos

«RADIO CONCHITA» PRESENTA SU PROGRAMA FAVORITO: DIÁLOGOS

Un programa del P. Sergio García, msps

S = Sergio; Pe= Pedro; T= Santiago; J= Juan

S. Muy buenas noches a nuestra amable audiencia de esta su estación favorita “Radio Conchita”. Nos llena de alegría volver a nuestra emisión evangélica. Ahora hay nuevos invitados para participarnos algunas de sus experiencias de encuentro con Jesús. “Radio Conchita” con el tiempo será conocida en toda la Provincia de una manera más efectiva. Nosotros, en Radio Conchita pensamos en grande y por eso invitamos en grande.

Mi querido Pedro, veo que ya te gustó venir. Como estás muy cerca de la puerta y te das cuenta quienes entran y quienes salen pues te viniste con dos compañeros tuyos y te voy a pedir que nos los presentes.

Pe.    Es verdad que ya me gustó, ¿a quién no?, y esto se está poniendo bueno. Mira ahora vinieron conmigo —o yo vine con ellos— Santiago y Juan, para que no haya susceptibilidades, porque ya en un momento el Maestro nos regañó cuando discutíamos quien era el primero entre nosotros. Después comprendimos que lo importante está en servir.

S. Bueno sí, pero ya no te enrolles, preséntalos y vuelve a las puertas de tu cielo eterno.

Pe. Bien, pues hoy vine con dos hermanos, llamados al mismo tiempo después de que el Maestro nos llamó a Andrés y a mí.

J. Creo que a Andrés lo llamó primero en aquella hermosa tarde que pasamos con él después que señalara el Bautista a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

T. Y además, Pedro, llamar, llamar, lo que se dice llamar, diciéndote «sígueme» no fue sino hasta el final, como lo dejó registrado mi hermano Juan en su evangelio…, hasta después que tú le dijiste por tres veces que lo amabas. Y es que antes ibas con él, pero solo hasta entonces te dijo personalmente «sígueme».

S. Pues ya no los presentes mi querido Pedro, ya entraron en escena ellos mismos así que muchas gracias y hasta la próxima.

 Y Seguimos contigo, Santiago. Cuéntanos algo de tu experiencia de encuentro con Jesús.

T. Te agradezco, Sergio, que primero me lo pidas a mí porque soy el apóstol que menos tiempo tuvo para dar el mensaje de Jesús. Sólo hasta el final de mi vida di testimonio de él con mi martirio.

Dos momentos quisiera compartir:

El primero cuando, trabajando en las redes y acompañando a mi padre Zebedeo, pasó Jesús por la orilla que, por cierto, le gustaba mucho remojarse los pies y caminar por la arena de la playa. Simplemente nos llamó; sencillamente dijo: « ¡síganme!». Era tal la fuerza de su palabra que te envolvía en una disponibilidad y generosidad nunca experimentada. Y lo seguimos.

El segundo es el del final. El Maestro había terminado su misión, estaba a punto de regresar al Padre y faltaba mucho por evangelizar y, lo que no esperábamos, salió de su corazón decirnos: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 18-20).

 J. Sí, sí…Este es otro momento que yo también quisiera evocar, aunque no lo cuento así en mi evangelio. Pero, la seguridad con que Jesús lo dijo y lo escuchamos, provocó que mi hermano, hombre de acción y emotivo en su carácter, inmediatamente quedara convencido de que Jesús estaría siempre con él.

S. Es verdad, Juan, como que tu hermano pasa un poco desapercibido para ti en tu evangelio. ¿A qué se debe esto?

J. Al tiempo en el que yo escribí mi evangelio. Fui el último en escribir y el último en morir. Me di cuenta que ya los otros evangelios que circulaban por las comunidades ya hablaban lo suficiente y que el hermano Lucas había relatado su muerte a espada por el cruel Herodes.

¿Tú sabes qué dolor se tiene porque te quiten a un hermano precisamente por la muerte a espada? Sufrí mucho. No podía ponerlo en mi evangelio como buena noticia. Simplemente respeté lo que ya se había escrito de mi hermano. Lo que sí me llegó muy hondo fue, igual que a Santiago e imagino que a todos, el “y tengan por seguro que yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”. Es la seguridad que deben tener todos los evangelizadores, todos los que, abandonándolo todo, se arriesgan a ser discípulos en salida, ir por todo el mundo sin importar el alcance físico que puedan tener sus vidas.

S. No te he presentado ni preguntado nada mi querido Juan y ya hablaste más que todos. ¿Te parece bien, por cuestiones de tiempo, que nos demos un “quién vive” con los “YO SOY” de tu evangelio?

J. Si después me invitas, por supuesto que sí.

S. Muy bien. Empiezo, aunque sea en desorden: “YO SOY LA LUZ DEL MUNDO, EL QUE ME SIGUE, NO CAMINA EN LA OSCURIDAD”.

J. “YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA”, me llegaron al alma y a mi historia.

S. “YO SOY EL BUEN PASTOR”, y yo una de sus ovejas.

J. “YO SOY EL PAN DE LA VIDA”, comerlo es dejarse comer.

S. “YO SOY LA PUERTA DEL REDIL DE LAS OVEJAS”,

J. ¿Qué mas escribí? Ah, “ANTES QUE ABRAHAM EXISTIERA, YO SOY”, ¡puf!

S. ¿Ya son todas?

J. Bueno, si terminas diciendo: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”, entonces sí.

S. Te la quería dejar a ti, apóstol Juan, porque es la número 7, una de tus preferencias.

Muy bien. Muchas gracias Pedro, Santiago, Juan, mis especiales invitados de hoy a “Radio Conchita” que se va poniendo de lujo tanto en sus trasmisiones, como en la audiencia que va creciendo más y más. Claro, a los que han sido llamados por designio de Dios.

Muy buenas noches a todos y digamos juntos:

BEATA CONCEPCIÓN, Ruega por nosotros.

Canto final de cada uno en su casa: “Yo soy el pan de vida, el que…”

 

 

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