«Radio Conchita» – Diálogos

RADIO CONCHITA
S: Sergio; M: Magdalena

S. “Radio Conchita” es una estación en crecimiento, pero, según las normas actuales de salud, es radio virtual. Esto quiere decir que, dadas las circunstancias, podemos echar a volar la imaginación desde el amor e ir invitando a quienes, habiéndose encontrado con Jesús, éste transformó sus vidas.

He encontrado acogida en la página que es como una ventana al mundo o para que el mundo se asome a Casa Conchita.org y entablar un proceso de mutuo conocimiento. Por hora no sé por dónde irá y qué cauces la identificarán.

He puesto a este espacio el nombre de “Diálogos y entrevista para Radio Conchita” y así la fe, el corazón y la buena voluntad llevarán a todos el aroma de un buen café, perdón, de un buen encuentro. Alguien más nos acompaña en esta ocasión.

Dicho lo cual, entramos en la entrevista que tiene hoy acentos especiales de testimonio. Hace unos días celebramos la fiesta de Santa María Magdalena y la invité a venir a Radio Conchita y creo que alegró mucho su corazón porque por estos espacios se le quiere mucho. María, bienvenida, háblanos de tu encuentro, de tu experiencia con Jesús.

M. ¡AHÍ ESTÁ, SÍ ES ÉL! En el azul metálico del cielo, mezclado con algunas nubecillas, y el mar haciéndose acreedor de nuestro asombro… ¡Ah, existe una claridad que por momentos ciega!

S. Bueno, sí es muy clara tu obsesión por Jesús y señalarnos a él.

M. Es que, como dijo el hermano Pablo, “Ya no vivo yo, es Cristo el que vive en mí”. Dame libertad para romper el esquema de una entrevista o diálogo, como yo estoy acostumbrada a romper esquemas de personalidades como la mía.

S. Bien, esto será diferente, al aire de un espíritu nuevo que te lleva, María, por donde él quiere y habla su palabra en tu palabra.

M ¡Oh! Señor, ¡cuánta perfección en movimiento! Pareciera como si el brillo del desierto animara el alma ya dormida, que hace soñar en las trémulas siluetas de los árboles… Y, ¡se abre el corazón esbozando una poesía! Prosigue el silencio. Todo es admirable, Jesús de mi alma, “amado Maestro”, todas mis angustias, luchas y esperanzas siempre escritas en papel en blanco.

S. Agarra fuerza el aire del Espíritu.

M. Soy mujer de silencio y, sin embargo, el sonido abre mis labios. ¡Estoy entretejida hasta el fin del universo! Canto un himno a esta tierra bella: “materia, dulce amistad”, de arena y viento, de soledad y lucha; dulce sonrisa que oculta el sufrimiento… ¡Oh hermoso desierto de sólida convicción vives en mi presente!

M. Mi alma es nómada y real, donde la libertad se goza. Es de arena y viento salpicada por oasis. ¡Tú!: de sol y océano que se desliza en el espíritu para entrar en comunión y en armonía; bordada por el agua cristalina que humedece las misteriosas grietas causadas por la soledad.

M. Y, cuando el crepúsculo se asoma, sorprende y mana una profunda serenidad y libertad de pensamiento, refugio espiritual de horas cansadas, que identifican la hermandad con “Cristo”, ¡Rabuní, Maestro mío!

S. No interrumpo, aliento a seguir porque entramos en un ambiente de poesía, amor, vida, Fraternidad.

M. Soy figura femenina, oculta y libre, quizá metida en una encrucijada entre “la tradición y redención’. Me abrazo a ellas y asumo el reto, en la confianza que he puesto en el Señor; cultivando nuestro huerto secreto de “Amor – dolor” y de armonía…

M. ¡MARÍA! me dijo. Nunca nadie había pronunciado mi nombre como lo hizo Jesús, mi amado Maestro, aquella mañana de la resurrección. Mi corazón, ya de por sí rebasado de amor, se desbordó de más amor que va, como ondas de luz y vida, llenando todas las zonas oscuras y negras de la humanidad, todos los rincones y espacios luminosos y brillantes donde ha calado el Evangelio.

S. (Mi palabra ha dado paso a su palabra, es mejor)

M. Soy María Magdalena, liberada de no sé cuántos demonios; soy María Magdalena la primera testigo del Maestro recién resucitado. Soy “la niña de Vietnam”, soy “las cuatro hermanas de la caridad”, soy “las patronas” de la solidaridad, soy la voz de todas las que han silenciado, violado, sometido, amenazado, soy la consagrada contemplativa y la que transita por los antros del mundo. Soy una de tantas de la humanidad, para que toda la humanidad diga: JESÚS ESTÁ VIVO, HA RESUCITADO Y ES EL SEÑOR, MI SEÑOR, TU SEÑOR, SEÑOR DE TODA LA CREACIÓN QUE ES POSIBLE GRACIAS A ÉL. Soy María Magdalena que proclama este momento, la vida nueva en mi Amado Jesús. Aleluya, Amén.

S. Gracias, María, más y mejor no sé puede decir.

Olenk – Sergio
Puebla, Casa Conchita.

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