Amaneceres…Atardeceres…Saber envejecer (2)

P. Sergio García, msps

Dolores Aleixandre propone seis verbos “Bíblicos” que yo también aprovecho para exponer en este espacio fraterno en donde muchos nos encontramos, nos saludamos, nos sonreímos y decimos con el salmo: “En la vejez seguirá dando frutos” (Salmo 92, 4-5).

Me gusta el verbo “proponer”: es muy evangélico porque no se trata solo de exponer, menos de imponer, ni suponer, etc. Estos son los verbos que ella propone y comenta y que por ahora solo enuncio:

                  1. Cíñete y ponte en pie, es la orden que dio Dios a Jeremías en el momento de su vocación (Jer 1,17).
                  2. Suelta: Aquel personaje misterioso que le dice a Jacob la noche de la lucha cuerpo a cuerpo (Cfr. Gen 32, 27).
                  3. No tengas miedo: “Cuando Raquel tenía dificultad del parto, la comadrona le dijo: no tengas miedo que tienes un niño” (Gen 35, 17).
                  4. Recuerda: “Recuerda el camino que el Señor te ha hecho recorrer estos años por el desierto” (Deut 8, 2).
                  5. Elige: “Mira, hoy pongo delante de ti bendición y maldición: elige la vida” (Dt 30, 19).
                  6. Espérame: “Prepárate para mañana, sube al amanecer al monte Sinaí y espérame. El Señor bajó al monte y se quedó con él y Moisés pronunció el nombre del Señor” (Ex 34, 2. 5).

Pero, antes de ver cómo podemos envejecer podemos vernos y preguntarnos: ¿Quién soy yo ahora? ¿Qué vengo cargando desde hace años, tal vez demasiados, y quisiera aligerar el peso?

(continuará)

P. Sergio García, msps

Domingo XXII del Tiempo Ordinario. Habla Osher el fariseo

P. Eduardo Suanzes, msps

Me llamo Osher y soy fariseo de pura cepa. Mi padre, ya fallecido, también lo era y mi abuelo lo mismo. Desde pequeño me enseñaron todas las normas, todos los procedimientos de la  Mishná y el Talmud, siendo mi padre, al que recuerdo con un cariño inmenso, el que me educó pacientemente en el cumplimiento estricto de todos los deberes religiosos ordenados por la Torá. Me siento identificado con ser fariseo.

Cuando mi amigo Nadir me dijo que había logrado que ese tal Jesús aceptase una invitación suya para ir a comer a su casa, todos nos frotamos las manos. ¡Por fin una oportunidad única para desenmascararlo y despedazarlo! Hace tiempo que le tenemos ganas a ese Nazareno y hoy lo vamos a arrastrar por el polvo. Lo tendremos solo para nosotros: lo vamos a devorar. ¡Qué ingenuo!. Después de todo no parece tan inteligente como dicen: ¡mira que ir a la boca del lobo, a la casa de Nadir, jefe de nuestra sinagoga a comer…! No sabe la que le espera. Además, hoy es sábado y, por lo tanto, después del oficio en la sinagoga comeremos juntos. Todos estaremos allí.

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No más violencia en nuestro país

Pidamos por los victimarios, oremos por sus vidas y la conversión de sus corazones, tendamos la mano para recibirlos con el corazón arrepentido a la casa de Dios. Ellos también son nuestros hermanos y necesitan de nuestra oración. No más violencia en nuestro país.

Amaneceres…Atardeceres…Saber envejecer (1)

P. Sergio García, msps

Tan vida es el primer segundo en el vientre de la madre como el último segundo en este mundo: esos dependen totalmente de Dios Creador. Nos regala todos los demás para que los vivamos en el amor, en la tarea de crear y hacer un poco mejor el mundo que nos recibió y que un día dejaremos. Por lo pronto habrá que luchar por preservar la vida siempre.

Estoy en “Casa Conchita”, antesala del cielo en donde estamos los más viejos de la Provincia atendidos de manera estupenda. Mi primer amanecer lo vio mi madre, el último tal vez lo vea yo. No me preocupa porque, lo vuelvo a repetir, el último depende de mi Padre Dios.

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En la encina de Mambré – Domingo XVI del Tiempo Ordinario

P. Eduardo Suanzes, msps

Eran las 3:00 de la tarde. El calor era tan denso que el aire se podía cortar con un cuchillo y hasta el tiempo se hacía espeso. Las cigarras no paraban de cantar, y mientras Sara descansaba en el interior de la tienda, yo trataba de refrescarme bajo el toldo de su entrada, sentado, con una rama de palmera en la mano, a modo de abanico, para espantar las moscas. En esta hora no se podía hacer nada en ese campo de Mambré y era el momento en que los criados también se echaban una siesta. Hasta el poco ganado que tenía en el establo reposaba silencioso, escapando del sol abrasador, desparramados en alguna sombra furtiva. Solo se oían las cigarras. Ni una mota de viento. Era la típica tarde de verano en Mambré.

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Padre

Padre, sé que eres invisible, pero te puedo ver…; que eres intocable, pero te siento..; que no tienes aroma, pero te huelo…;que no tienes sabor, pero das el sabor a mi existencia…; que habitas en el silencio, pero te escucho decir: YO SOY